Sagitario, una flecha certera que traspasa el tiempo

En el horoscopo de Sagitario que estaremos recorriendo hoy en estas líneas, encontraremos el nexo entre la vida presente del centauro y el destino futuro al que se dirigirá la punta de su flecha cuando tire y suelte la cuerda de su arco. El horóscopo permite vislumbrar el camino que recorrerá cuando se aventure en las penumbras de misterio, que para Sagitario son delicias.

Con ojos siempre despiertos, Sagitario se apropia de la información que le proporciona su horóscopo y se dispone a vivirla. Sabe que os esbozos de lo que ocurrirá no aguarán para nada la diversión. Porque una cosas es saber lo que ocurrirá y otra muy distinta respirar el aire de la aventura o sentir en la piel la textura de la materia con que se tiene contacto.

Las postrimerías de Sagitario

Hay quienes viven condicionados por los designios del horóscopo del día, que, como sentencia lapidaria, determina, sin dar lugar a objeciones, las experiencias que le acaecerán durante el trascurso del día. Estas mismas personas podrían decir algo así: «nacemos sin haberlo solicitado, vivimos sin ninguna razón y morimos para perdernos en el olvido; y todo para nada» .Esta percepción queda lejos de la visión de Sagitario, para él, nacer es la oportunidad que le brinda el universo de experimentar lo que la materia inerte nunca podrá, de exprimir hasta la última gota de alegría que la vida tiene dispersa entre sus muchas callejuelas, de amar sin ataduras, de navegar embriagado, de sumergirse en la ilusión, de perderse en la locura y encontrarse en la cordura.

Extraviarse en el sendero infinitas veces e infinitas veces volver a tejer nuevos sueños de aventura. Sagitario en las postrimerías camina sobre herraduras desgastadas, manos curtidas por el filo de las montañas que ha escalado, con la feliz ceguera de sus ojos que lo han visto todo y todos los sabores del mundo endulzando aún su paladar. Sagitario no ha dejado nada por vivir. Y todavía ahora, en los confines de su existencia, mantiene esa radiante sonrisa que lo ha acompañado durante todo su camino, dejando salir de sus labios la epopeya de lo vivido. Sabio Sagitario, nutrido con la experiencia, satisfecho incluso con los errores que ha cometido.

Pecó de irresponsable, es cierto, huyó del confinamiento y eligió una vida más amena. Jugador, tanto sobre la mesa como en los otros aspectos de su existencia. Amante flamígero, encendió llamas en más de un pecho, motivo de suspiros y celos. La edad de la madurez puso zanja a sus correrías, asentó la cabeza, se unió en fiel matrimonio; pero nunca abandonó sus viejas conquistas, no como un volver a vivir, sino como trofeos que todavía le impulsaban a lanzarse al viento y volar hacia exóticos parajes. Una vida de excesos, alcohol, compañías pasajeras en el lecho, libertad para el mal genio, apostador, derrochador, dilapidador. Sagitario, que no supo arraigarse a nada, encuentra en la edad de la cordura un aliado para reencaminar su vida y purgar sus faltas. Y lo vivido, ¿dónde queda lo vivido?

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